En un pequeño rincón de mi escritorio, donde me pasaba tardes enteras de estudio o simple entretenimiento, estaba mi cajita de deseos. Y ya hacía tiempo escribí un papel en el cual había un deseo que supuestamente debería haberse cumplido hace poco. Pero no se había cumplido ni de lejos. Una simple frase que había estado presente en mi cabeza desde siempre, que reflejaba mi miedo y mi vergüenza en el espejo, en los vestuarios del instituto y en las tiendas de ropa. Y es que se había convertido en más que un problema. El mero hecho de no encontrar una talla para mí. O que la prenda que tanto me gusta no me quede bien. Que resalte mis curvas en exceso y me haga gorda. Porque no nos vamos a andar con rodeos, al fin y al cabo es lo que nos llamamos a nosotras mismas. Los estereotipos que la sociedad nos ha hecho creer, toda la propaganda y fotografías que nos muestran día a día en la televisión, en revistas, en periódicos y, hasta en la calle, en los escaparates de las tiendas y en los paneles del bus.Todo empezó con una vuelta a casa de un viaje largo. Un jocoso comentario: "¡Has engordado! Pero esa camiseta te sigue quedando genial." Yo nunca fui de las que les importara demasiado cómo la vieran los demás. Pero lo admito, ese comentario influyó mucho en mí. El remate del día, la guinda del pastel y la gota que colmó el maldito vaso fueron los pantalones elásticos que vi en mi tienda de ropa favorita de la talla 32. Pero fui subiendo el escalafón y solamente la 44 me valía. De pequeña siempre había sido de las típicas chicas-palillo, que les faltaba más que les sobraba, que de perfil apenas se veían y que eran altas y esbeltas. Bien, pues ahora era más redonda que esbelta.
Si a mí siempre me habían contado la típica historia de la mujer que pesaba 30 kilos y no podía comer nada porque lo vomitaba, y estaba muy, muy mal. La vida la había abandonado y con ella, sus amigos y familiares. Si nunca había creído en nada, ahora todavía menos. Yo sabía las consecuencias perfectamente, pero yo controlaba la situación. Lo único que no sabía es dónde estaban mis límites ni cómo aprender a parar.
Cuando empiezas con zumitos sin azúcar y quitando el bocadillo del recreo te das cuenta de que así no llegas a ninguna parte. Y es que no quiero adelgazar uno o dos kilos bajo estricto control de mi médico. Quiero pesar 45, cuando estoy en 65. Perder 20 kilos no es tanto al fin y al cabo, ¿no?
Empiezo con ejercicio suave y voy aumentando poco a poco. Y a la semana después estoy haciendo 200 abdominales y dos horas seguidas de bicicleta estática. Me siento llena de vida, contenta conmigo misma, y con más ganas. Me peso a primera hora de la mañana, después de comer, a media tarde y antes de acostarme. Controlo las calorías al máximo y no me excedo en nada. Cada vez quito un poco más de las comidas y voy arañando el límite puesto.
A final de mes estoy en los 59 kilos. Qué alegría. Los pantalones me sobran un trozo considerable. Pero cada vez que me miro en el espejo veo a la misma de siempre. Con esas curvas, más visibles en las caderas; y si me pones de perfil me dan ganas de que la tierra me trague. Con esa tripa asquerosa que no para de salir y de jactarse de mí. Si de algo me arrepentía sobre adelgazar era sobre mi pérdida de pecho. Pero a mí qué más me daba, si podía conseguir el cuerpo del ídolo que siempre había tenido.
Los problemas empiezan cuando mi familia y mi novio empiezan a preocuparse por mí. "¡Comes muy poco! No hagas locuras, eres preciosa." Ya claro, pero no soy tonta y cuando voy por la calle sé que todos se asustan al mirarme. Yo sigo rebajando las calorías y aumentando el ejercicio. Las tallas van bajando poco a poco, pero cada vez me parece más y más insuficiente. A veces me duele la cabeza, pero persevero en hacer mis ejercicios diarios.
Sin embargo, el hilo entre la vida y la muerte empezó a deshacerse con una leve anemia, y continuó cuando los 40 kilos fueron mostrados en mi báscula. Pero ahora ya era demasiado tarde.
Mis padres se preocupaban, y ante su sufrimiento, yo me daba un verdadero festín y expresaba mi molestia ante mi comportamiento de las últimas semanas. Sonreían y me tocaban la cabeza con señal de aprobamiento. Pero mientras en el salón veían la televisión yo subía al cuarto de baño y vomitaba una y otra vez hasta dejar mi estómago vacío. Me purgaba y echaba todo el odio que había en mí.
Pero mi cuerpo se seguía mostrando enorme en el espejo y las caras de todo el mundo me parecían de verdadero asco al verme. Realmente era asco, pero no porque estubiera gorda, sino porque mi cara mostraba hoyuelos y líneas que marcaban mis huesos casi desnudos. Mis brazos eran dos palos y mis costillas se enseñaban demasiado. La cadera sobresalía y se marcaba en mi piel, dando la impresión de que mi ombligo tocaba mi espalda casi literalmente. Mi pelo caía sobre mi espalda sin vida y mis ojos ya no brillaban. Mis uñas ahora estaban feas y débiles, y mis dedos parecían huesos frágiles que amenazaban con partirse al mínimo roce.
Todo terminó con mi ingreso en el hospital, en los 29 kilos.
Y con mi salto hacia una nueva vida más allá de las estrellas.

28 guau(s):
No es un texto autobiográfico.
Voy a contestar vuestros comentarios,
un mimo.
Y que gordo problema...
Besitos..
Me dejó helada
Menos mal que no es autobiográfico, se pasa muy mal cuando cuentas y cunetas calorías y la gente no para de decirte que es un problema.
Un beso :D
Es el reflejo de una puta sociedad consumista que impone modelos que no siempre son sanos...Ese es nuestro mundo...ese es el problema gordo u.u
Un muá y te me cuidas
Hoy en el ikea me Tomé una tarta de fresas riquísima, y se supone que pretendo adelgazar... no hay que llegar a extremos! Me alegro de que no sea autobiográfica, gracias por tu comentario, Lota está muy linda sí:) y Max también! Un beso muy grande:)
deja atras esos enredos... el problema se solucionara =)
Excelente
Qué forma tan impresionante de relatar algo con tanto impacto. Felicidades, es uno de tus mejores textos en mi opinión, y las últimas dos frases, las mejores. Muás
"Has engordado"... ¿Y que?
suerte que aclaraste que no era autobiográfico, porque tengo una amiga que ha pasado por eso, y me alegra decir que ahora es feliz y quiza no tan flaca.
Es una triste realidad aquella, muy muy
Es triste como se puede pasar de la ilusión a la enfermedad. Pero es realidad, es real cada día en muchas personas que por el simple hecho de agradarse y agradar al resto entren en un bucle de perdición. Afortunadamente, a tiempo tiene solución.
(:
Todo el mundo quiere ser flaco hoy en día. La ropa se hace para delgados, el éxito es para delgados. Da vértido asomarse al precipicio porque todos en mayor o menos medida lo hemos hecho alguna vez. Yo, a mis treinta y seis años, parezco bien anclada al suelo y no me asusta mirar abajo, pero tengo una pequeña ciruela verde que respira a mi lado y que desde sus seis años me mira y me pregunta en su mini short si es guapa. Ese precicipio es tan profundo que me deja sin resuello. Que bello texto Anne, que bello texto.
Escalofriante.
Creo que la sociedad hace que nos volvamos todos un poquito más locos.
Me alegro de que no sea autobiográfico, la verdad, porque sería demasiado. Aunque ha sido igualmente impactante, sobre todo si has vivido de primera mano un trastorno alimenticio. No te asustes, yo no he pasado personalmente por nada de eso. Una prima de mi madre sí, y fue una de las cosas más horribles que hayamos tenido en la familia. Y digo "fue" porque, gracias a Dios, lo superó a base de ayuda y fuerza de voluntad. La pobrecita... daba pena verla, parecía que fuera a quebrarse en cualquier momento. A veces me gusta recordarlo para saber que hay que ser fuerte y no dejarse llevar por cosas así. Aunque lo de ella no lo desencadenó un "qué gorda estás" sino una ruptura con su novio de toda la vida y una depresión que sus padres ayudaron a crecer, los muy... En fin, que estas cosas hay que tomárselas muy en serio.
Me alegro de que hayas vuelto por aquí, estaba un poco ausente. Espero que todo vaya bien. ¡Y gracias por tomarte un tiempo para leer la historia!
¡Un abrazo, ChicaGuau! :)
Maldita realidad esta. Ojalá la chica se hubiese salvado, pero, por desgracia, esos problemas se lo llevan a uno.
Un muá(h) grande para ti! (y otro para Max)
Me quedé sin palabras.
Chica Guau! Me alegra saber que no es autobiográfico!!
Lamentablemente esto pasa con damasiadas personas y cada vez se va extendiendo por el mundo!
Triste pero cierto.
Un besoo!
Buff.. y tantas cosas asi hay cada dia, porque todos queremos seguir el modelo que nos han impuesto, de lo que es ''la belleza''.
Preciosa entrada, un beso para ti y otro a Max!
Un relato muy realista e impactante, señorita. Me ha gustado mucho (ojalá muchas chicas y chicos se puedan salvar de ese infierno y, si se encuentran en él, puedan curarse).
Un besito color púrpura
Realmente, no consigo entender cómo has conseguido escribir ésto sin haberlo vivido tú antes. Es un texto asombrosamente realista, creo que has dado en el clavo. Y, además, me ha impresionado de la misma forma que me ha encantado :)
Un besito ^^
Interesantisimo,, me tubo pendiente de un hilo hasta el final.
Sólo espero que no sea autobiografico.
Saludos Cordiales Chica Guau!
Es triste que este texto pueda ser perfectamente verdad, la foto del cactus sí que era mía, pero he estado de vacaciones y no te pude contestar antes.
Buen texto, sincero y directo
Muy real tu relato. El peso es clave en la salud, tanto por exceso como por defecto, pero el problema en estos casos radica en otros factores, como la ansiedad o las obsesiones.
Me alegro que no sea autobiográfico, es una situación muy complicada.
un abrazo!!
Completamente realista y triste a la vez.
Simplemente, no sé que decir...
Abrazos cálidos a Max & a tí.
Cuidate. Te leeré seguido, de verdad :)
A veces se produce la situación contraria. Puede encantarte la comida, desde el cocido de tu abuela hasta los donettes, pero tienes un metabolismo diferente y no pasas de la 32. Y un día, un profesor te humilla ante treinta adolescentes, pidiéndote que le describas tus comidas diarias porque cree que tienes un problema :S
uf, problemas así son los que ocurren todos los días al otro lado de la pared. Uff. La comida siempre ha sido parte importante en mi vida. Me gusta comer, pero cada vez que me peso, la balanza siempre dice lo mismo: En el peso ideal. (gracias metabolismo). No creo tener problemas con mi imágen y nunca me regí por la publicidad. ah, apesar de todo, en algo me identifica este texto, pero aún no se en qué.
Miles de abrazos
Fukuro
qué daño hace eso.
(¡He vuelto!)
Un besito con
sabor a
mermerlada
Chica, nos has dejado a todos un poco mal... hasta que hemos llegado a la parte de "No es autobiografico..."
Pasaba por aquí porque echaba algo de menos saber de ti y de Max...
Besitos!
pasate por mi blog, hay un regalito para ti^^
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